AUTISMO

Los trastornos del espectro autista (TEA) son una discapacidad del desarrollo que puede provocar problemas sociales, comunicacionales y conductuales significativos. A menudo, no hay indicios en el aspecto de las personas con TEA que los diferencien de otras personas, pero es posible que quienes tienen un TEA se comuniquen, interactúen, se comporten y aprendan de maneras distintas a otras personas. Las destrezas de aprendizaje, pensamiento y resolución de problemas de las personas con TEA pueden variar; hay desde personas con muy altos niveles de capacidad (dotadas, o gifted en inglés) y personas que tienen muchas dificultades. Algunas necesitan mucha ayuda en la vida diaria, mientras que otras necesitan menos.

Signos y síntomas

Las personas con un TEA a menudo tienen problemas con las destrezas sociales, emocionales y de comunicación. Es posible que repitan determinados comportamientos o que no quieran cambios en sus actividades diarias. Muchas personas con TEA también tienen distintas maneras de aprender, prestar atención o reaccionar ante las cosas. Algunos de los signos comienzan durante la niñez temprana y, por lo general, duran toda la vida.

Los niños o adultos con TEA podrían presentar las siguientes características:

  • No señalar los objetos para demostrar su interés (por ejemplo, no señalar un avión que pasa volando).

  • No mirar los objetos cuando otra persona los señala.

  • Tener dificultad para relacionarse con los demás o no manifestar ningún interés por otras personas.

  • Evitar el contacto visual y querer estar solos.

  • Tener dificultades para comprender los sentimientos de otras personas y para hablar de sus propios sentimientos.

  • Preferir que no se los abrace, o abrazar a otras personas solo cuando ellos quieren.

  • Parecer no estar conscientes cuando otras personas les hablan pero responder a otros sonidos.

  • Estar muy interesados en las personas pero no saber cómo hablar, jugar ni relacionarse con ellas.

  • Repetir o imitar palabras o frases que se les dicen, o bien, repetir palabras o frases en lugar del lenguaje normal.

  • Tener dificultades para expresar sus necesidades con palabras o movimientos habituales.

  • No jugar juegos de simulación (por ejemplo, no jugar a “darle de comer” a un muñeco).

  • Repetir acciones una y otra vez.

  • Tener dificultades para adaptarse cuando hay un cambio en la rutina.

  • Tener reacciones poco habituales al olor, el gusto, el aspecto, el tacto o el sonido de las cosas.

  • Perder las destrezas que antes tenían (por ejemplo, dejar de decir palabras que antes usaban).